DOYAGUE PIERDE LOS TROFEOS CON LA ESPADA EN PALENCIAANTE UN LOTE SIN OPCIONES
01/09/2010

La brillantez que de esta corrida se esperaba se la llevó por delante el juego y comportamiento de los toros de Vellosino: una ganadería con notas de calidad que en más de una ocasión es elegida y preferida por alguna de las figuras del escalafón (la presencia de Morante en el cartel lo confirma).

No fue bueno el lote del paisano Doyague. Ni mucho menos el esperado por el palentino para seguir demostrando la condición de torero que lleva. Momentos hubo de entrega, otra cosa no podía ser, agradecidos por el tendido. Desencanto en el torero que no pudo brindar al paisanaje una tarde de triunfo redondo e importante. A pesar de ello, hubo pasajes de buen toreo cuando el tercero se lo permitió. No pudo lucir en todo su esplendor la mano izquierda, pero sí dejó destellos Doyague de la calidad que atesora antes de que la espada volviese a darle la espalda.











   

Un Morante que si con el estoque hubiera estado acertado es posible que, a estas horas, estuviéramos cantando un triunfo con trofeo incluido. Pero la mala tarde a espadas, no sólo del de la Puebla, sino de sus dos compañeros de cartel, echó por tierra todo posible apunte de orejas.

Porque Morante se entretuvo en estar bien con el capote, como en las Chicuelinas, el remate especial en su primero y los lances a pies juntos en el saludo al segundo de su lote. Además, su distinción con la muleta quedó puesta de manifiesto en más de una ocasión. Distinción, diferencia y algo más que muchas veces no es fácil poder explicar. Hubo momentos en los que el público, que estuvo algo frío toda la tarde, sí entendió el toreo y formas del sevillano. Una pena, repito, el fallo a espadas.











   

Leandro, sustituto de Cayetano, venía a Palencia en la tarde de su debut con ánimo de demostrar que su toreo está concebido en las fuentes y fundamento de los grandes. Venía de casi saborear un triunfo importante en Bilbao y a punto estuvo de encontrarlo aquí, en Campos Góticos. Momentos hubo en que sus formas calaron con fuerza, con capote y muleta. Impecable el principio de faena a su primero: en los medios y toreando sobre la derecha. Cambios de mano fluidos y toreros muy por encima de lo que su lote merecía. La espada, menudo problema, otra vez le privó de tocar pelo. Gustó por su distinción y verdad.